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Represión durante la Guerra

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Represión durante la Guerra

La represión que se va dar en Alameda desde los últimos días de agosto de 1936 hasta dos años más tarde va a ser muy dura. En Alameda, el terror desatado por los sublevados, como en otras zonas conquistadas, era independiente de la violencia ejercida con anterioridad por los republicanos, que acabó desencadenando una terrible ola de fusilamientos.

La conspiración militar estaba ideada con una estrategia clara para asegurarse el éxito: la represión de sus contrarios. Antes del comienzo bélico, el 25 de mayo de 1936, el general Emilio Mola, instaba a los insurrectos que la operación cobraría un cariz de extrema violencia, aplicando “castigos ejemplares”, donde “debían eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones, etc.”.

La misma madrugada del 17 al 18 de julio, cuando la insurrección no había llegado todavía a la Península, los golpistas asesinaron a 189 personas en los territorios marroquíes bajo poder español, lo que vaticinaba el método que iban a emplear durante los tres años siguientes.

Inmediatamente a la toma de un municipio, los militares sublevados llevarán una vía de justicia basada en persecuciones, detenciones y fusilamientos, sin un procedimiento judicial previo, mayormente a partir de la denuncia oral, que respondían más a rencillas o envidias personales propias de los pueblos que a un objetivo político. Asimismo, se van a habilitar locales públicos que pasarán a ser centros de detención, como el calabozo de Alameda, establecido en la Calle Enmedio, que va a complementar la actividad represiva que se llevaba a cabo en el cuartel de la Guardia Civil, situado en la calle Baja.

La metodología para apresar a los partidarios republicanos será muy variada y despiadada, al mismo tiempo. Los primeros arrestos irán contra aquellas personas sospechosas de formar parte de partidos o movimientos izquierdistas, que no emprendieron una huída, bien porque su situación se lo impidió o bien por su convencimiento de estar libre de cualquier atropello contra el nuevo orden establecido. El tradicional arresto se producía cuando la guardia civil se presentaba en el domicilio de la víctima para detenerla y, si no lo encontraba, solía amenazar a la familia con volver horas más tarde. Además de ser sacados de sus casas, algunos de los detenidos serán arrestados en la calle, para posteriormente ser llevados al centro penitenciario local.